Esa felicidad

La felicidad, o eso que se le parece, mata.

La felicidad da sed y quita el hambre, enfermas de salud, te peina y te limpia los zapatos.

Esta tranquilidad te quita el sueño, se lleva los silencios de los que nacen las palabras.

Te rompe los huesos, te cierra los ojos, te cura la piel, te mete en casa.

Te pone en una mesa con dos platos y postre, te sirve vino caro y las cuentas empiezan a salir a la primera y te quedas sin cosas que contar.

La felicidad  con alguien es nostalgia de la tristeza, cree pero no crea, dice pero no chilla, y ya no rompe nada.  Dejas de perder, ganas lo que no te vale.

Esta felicidad que mide, pesa, que es como la de tu vecino, que acaba contigo.

 

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Su sitio

Su sito es un sitio lleno colores. Todos los colores, y  todos tienen nombre. Yo estuve y solo fui capaz de nombrar media docena. Su sitio coloreado cambia a menudo de color, porque lo colorea, lo menea, lo estira si toca o lo ensancha si quiere más aire.

Su aire es de color, de colores. Color sonrisa roja, color mirada miel, color palabra blanca, color silencio transparente, color carne-carne, color alma rosa…

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Y te pinta. Entras en su sitio y esa mano poderosa pasa por tu cara y te convierte en una caja de ALPINO. Te hace preguntas de colores que tienen respuestas CARIOCA y tus risas serán la caja grande de MANLEY.

Pinta el suelo que pisas para que camines con rumbo, pinta tu cama para que duermas bien, te pinta las letras para que los poemas sean felices y te pinta el alma de un color secreto, ese que lleva años buscando y que sólo le sale cuando lo extiende por tu corazón.

Me contaron que se había escapado de un cuento, que se hizo una escalera de colores con la penúltima página y saltó porque vio que el final no era feliz.

Entonces se convirtió en un Hada de los Colores. Dicen que desde entonces quiere saltar al principio de otro cuento y que mientras lo intenta -que no es nada fácil- reparte su paleta de colores entre quienes necesitan salir del gris, del marrón y del negro.
Ella es así, y así es su sitio.

 

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El pasillo

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Desde que salí de la última casa donde tenía calor, vivo en en el pasillo de un hotel, como si fuera una camarera de piso. Voy por libre, sin horario ni salario. Arriba, abajo, arriba, abajo… La mayor parte de los días camino y me asomo sin entrar en habitación alguna. Algunas puertas de esos cuartos están abiertas; entonces a veces entro casi sin llamar, casi sin mirar quién hay dentro porque sé que solo voy a deshacer la cama.  Y cuando me voy ya estoy tan lejos que no escucho si cierran con un portazo al ver que he dejado la habitación hecha un desastre.

Otras veces paseo distraído delante de esas puertas abiertas hasta que me invitan a entrar. No siempre lo hago, pero si cruzo el umbral seguramente lleve una flor, una botella de ron y la sonrisa de un vendedor de Thermomix. Si me siento cómodo, tras deshacer la cama esperaré hasta el amanecer para salir, otra vez corriendo, procurando no dejar rastros y con el deseo cierto de no dejar ningún arañazo en la piel. No miro atrás, no quiero recordar nada, solo quiero correr para que en el aire no quede nada de mi, para que mis pasos vuelen y no pueda encontrar el camino de vuelta.

Otras veces, muy pocas veces, me he quedado más tiempo, da igual si la puerta estaba abierta o llamé. He deshecho y hecho la cama, he escuchado la radio, he dormido y despertado, a veces comí, incluso cerré los ojos. Casi estaba allí. Casi.

Porque desde que entré tenía ganas de salir, sentía una fuerza absurda e inevitable empujándome de nuevo al pasillo, arriba y abajo, arriba y abajo, mirando al suelo o cerrando los ojos para no ver la puerta de la habitación tras la que creía que estaba mi casa.

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¿Hay alguien ahí?

¿Hay alguien ahí?

Es que escribo, o mejor dicho, pongo cosas y me pregunto si hay alguien a quien le interesa leer este despropósito.

Buenas noches.

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Quiero que seas mi héroe

Tengo miedo.

Si miro al pasado veo a las personas que no siguieron nuestra lucha, los sitios que no hemos ido, los amigos que no has tenido, las cosas que en colegio no has aprendido, veo los cumpleaños a los que no te han invitado y las medallas que no has ganado.
Cuando miro al futuro, tiemblo, veo cuánto miedo tengo. Cómo serás cuando midas 1.80, cuando tus manos sean más grandes que las mías, cuando mi voz ya no te deje parado, cuando tu edad y tamaño sean demasiado grandes para ti y para los demás. Los problemas van a crecer contigo.
Vivo el presente, tan cansado, tan limitado, montados en una montaña rusa que no te divierte nada. Los días son espinosos, días a veces de dinamita, viviendo en máxima y permanente alerta. Si estamos juntos tengo un ojo consagrado a ti, y si estamos separados te consagro mis pensamientos. Y siempre lleno de miedo.
Miedo aún no sé a qué, pero me atenaza. Es un miedo absoluto y largo que no me permite llevar con libertad mi propia vida porque no puedo cometer ningún error que te pueda afectar. Por eso ya siempre estaremos solo nosotros tres, tu hermana, tú y yo fabricando un minúsculo universo donde tengamos los menores riesgos posibles, donde no te hagan daño ni tú puedas hacerlo a otros, donde nos entendamos lejos de quienes nunca, jamás, nos va a entender. Quizá algún día veas que no somos como ellos, que pesamos demasiado en este mundo donde hay que ir ligero de equipaje, libre de compromisos, lejos de batallas que no sean las de cada uno. Porque ellos son uno, y yo soy tres; tu hermana y tu despertáis ternura pero no corazones que se vayan a quedar a nuestro lado. Tú mismo lo viviste, cuando ya creíamos que teníamos un sitio acabamos fuera de allí. Y desde entonces no se han preocupado nada por ti, así que será que estábamos de prestao y que no nos querrían tanto.
Yo, que tengo tanto miedo, ya no me atrevo a buscar un sitio para mí que sea también vuestro sitio. Por eso he hecho este castillito en Triana, para que solucionemos nuestras cosas a nuestra manera, sin dar guerra ni explicaciones a nadie. Y si tengo que dejar de coger tus manos para que sean otras las que a mi me den calor, ya lo viste, me quedo contigo.

Sin título

Iba a titular el post así; “Quiero ser tu héroe”, pero al escribirlo y pensarlo voy a titularlo de otro modo: “Quiero que seas mi héroe” De hecho ya lo vas siendo, porque me doy cuenta de todo lo que has mejorado, reaccionando de la manera opuesta a la que tu cerebro te indica porque sabes que eso no es bueno. Y apuesto porque seguiremos mejorando, pero para ello tendría que no morirme nunca, o por lo menos no morir hasta el día siguiente al que tú lo hicieras, porque sin mí no puedes vivir, pero es que yo, que me visto solo, que sé leer y escribir, que trabajo, que no me pongo fatal porque me hayan quitado una silla y tengo siempre una respuesta amable a quien me habla, yo, yo tampoco puedo ya vivir sin ti.
Te prometo que algún día irás conduciendo la furgoneta roja que tanto nos gusta y serás mi héroe.

 

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Mediterráneo

 Esta noche hueloDSCF9065 (3) aquel mediterráneo al que no volveré porque el   azul se me ha borrado. Puedo tocar las paredes de cal, blancas como mis deseos, donde ya no me apoyaré para tomar un respiro. Veo la estela del barco como cuando buscaba el atardecer en la popa, y se disuelve sin llegar a perderse en el horizonte; el mar ahora acaba en un precipicio. Este mediterráneo que veo se está cerrando, se me apaga, se ha despegado de la piel. Debajo hay otro mar que ya no es aquel mediterráneo mío de las dos sonrisas y la ilusión. Ese mediterráneo al que no iré  esta rodeado de ruinas y una es la mía porque una vez, yo, estuve allí.

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Mis mejores deseos

dibujo-a-lapiz-de-la-playa-del-veranoLe deseo que el sol abrillante sus hombros y que la arena suavice aún mas el tacto de sus pies. Que las alpargatas que los cubran pinten colores alegres con soltura elegante.

Deseo que beba los mejores vinos, las bebidas con más sombrillitas y que se haga decenas de fotos de esas en las que en todas sale bien. Que coma platos imaginativos en restaurantes de moda y que beba su cubatas en los bares más cool, donde un camarero guapetón se aprenderá el primer día cuál es su combinado habitual.

Deseo que ría mucho, rodeada de guapos y monas que celebrarán su belleza, firmeza e ingenio, que aplaudirán admirados sus ocurrentes palabras llenas de autoridad.

Deseo que la futilidad de todo con lo que arma su verano sea máxima para que pueda resumirlo en dos o tres frases.
Le deseo el azul del mar, el blanco de la luna, el naranja de su pareo, el rojo de sus gafas y el amarillo del sol. Y el negro para un par de trajes en las cenas de vino caro.

Deseo que viaje y compre, que gaste, que necesite otra maleta más para regresar.
Deseo que despierte entre sábanas blancas y brazos fornidos después de noches llenas de deseo borracho.
Deseo que se siente en la playa a leer historias emocionantes.
Y deseo que cuando cierre los ojos, recuerde los míos.

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Esta puta noche

hogueradesanjuandibujo1[2]Primero pusimos a volar un trozo de fuego en un enorme vaso de papel.
Cuando perdimos su rastro en el cielo, a la derecha de la luna, fuimos hacia el fuego. Hice una foto a la lista donde, riendo, habíamos anotado lo que queríamos quemar; entonces la echamos a la hoguera de San Juan.
Hace años que no veía esa foto y la verdad, hoy que la he encontrado, he comprobado que algunas de las cosas apuntadas han volado…
Tiempo después ella también voló, y yo ando por ahí buscando una hoguera para arrojar un papel lleno de memoria.

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Esos días

Esos días que duran días,
días cobardes
días sin orejas, sin ropa,
pentagramadías  que no paran de caer.
El espejo delante, todo el tiempo
tan largo y tan lento
todo el rato mirando
las cosas que se fueron
desvanecidas y arañando.
Días sin buenos días,
sin vaya día!
días sin esperar,
azules, rojos,
días que no hay que tachar
días para olvidar
que se graban a hierro
que no tienen canción
esperando a que den las diez.
Días de dos paquetes
y una bolsa de hielo
solo hay que respirar
no hay nada que ver
nada que preguntar
nada por responder.
Días como domingos,
como aquel primer domingo
sin levantarme antes que tú.

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Peor que el olvido

Me costaba saber qué hay peor que el olvido.
Quizá no había encontrado las palabras y tengo la suerte de que alguien las escucha y me lo manda, porque sabe que estas cosas me gustan, me remueven y me conmueven.
Gracias!!

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